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Rescate de la Armada de Chile en la Antártica: “Lindbland Explorer”

El 11 de febrero de 1972 la Armada de Chile realizó el rescate de 172 personas en la Antártica.


La trágica historia del Crucero de pasajeros “Lindblad Explorer” hizo que nuevamente el nombre de Chile y de su Armada resonara en el mundo. Corría el 11 de febrero de 1972 y el imponente buque turístico en casi 2 años de operación, vivía una dura prueba ante las inclemencias del clima antártico.

Construido en Noruega en 1969, en su viaje inaugural tuvo una serie de problemas que retrasarían su zarpe hasta enero de 1970, curiosamente el “Lindblad Explorer” cruzó en ese viaje su camino con dos naves chilenas que efectuaban la anual expedición antártica: el “Piloto Pardo” y la “Yelcho”. Nadie iba a imaginar que dos años más tarde el buque noruego y las Unidades chilenas protagonizarían una trascendente historia.

Durante la madrugada del jueves 11 de febrero de 1972 en la sala de radio del “Piloto Pardo”, a

nclado en la Base Naval Antártica “Arturo Prat”, se oyó claramente el vibrante llamado del S.O.S. Minutos antes, en medio del mal tiempo, había varado el “Lindblad Explorer” en Bahía Almirantazgo, a unos 80 kilómetros de distancia de la bahía. Una y otra vez el llamado de auxilio

repetía la situación geográfica “Latitud 68,02 Sur … Longitud 52,24 weste…” era en las proximidades de la Base “Eduardo Frei”, en la Isla Rey Jorge.

En su socorro y rescate participaron las Unidades del Grupo de Tarea Antártico AP “Piloto Pardo” y AGS “Yelcho”, al mando del Capitán de Fragata Carlos Barra Von Kretsmann y del Capitán de Corbeta Carlos Pinto Cáceresto, respectivamente. El Capitán de Navío, Ladislao D’Hainaut Fuenzalida, se desempeñaba como Comodoro del Grupo de Tarea Antártico.

Horas terribles para pasajeros y tripulantes de la embarcación noruega y los propios chilenos que acudieron al rescate. Vientos de más de 60 nudos, olas que llegaban a ocho metros de altura e ininterrumpidas ventiscas que impedían la visibilidad, no auguraban ningún futuro.

Cuatro veces los pasajeros del “Lindblad Explorer”, que tenían un promedio de edad de 60 años, bajaron y subieron de los botes salvavidas en vanos intentos de tratar de alcanzar tierra, debido a que el buque asentado en la roca y con su sala de máquinas inundada no ofrecía seguridad.

Después de casi siete horas de agonía, a toda máquina, desafiando el temporal y exponiendo

su propia seguridad, llegaron al lugar las naves chilenas y sus helicópteros, que operaron en condiciones complejas. Dos horas y media más tarde todos los pasajeros y tripulantes estaban a salvo. Las tareas iban a durar cuatro días más, en que los marinos chilenos del “Piloto Pardo” trabajaron incesantemente, ante el asombro y los elogios de quienes habían sido rescatados, en la tarea de intentar rescatar también al siniestrado “Lindblad Explorer”.

Los vientos, el recrudecimiento del mal tiempo, los témpanos y la ventisca, comprometían ya la propia seguridad de naves y tripulaciones, teniendo que desistir en las maniobras de rescate de la embarcación, zarpando con dirección a Punta Arenas el 15 de febrero. (Guillermo Barros González, “La Armada en la Antártica 1941-1980”, Revista de Marina, 6/1987)

Sin embargo, las rotativas de diferentes periódicos en los más diversos idiomas hicieron eco de la hazaña:

“En una dramática lucha contra el viento, la nieve y las altas marejadas fueron rescatados hoy, por dos buques de la Marina chilena, los 104 pasajeros y 68 tripulantes del buque noruego de turismo “Lindblad Explorer”, que varó en la madrugada del jueves en Punta Piazza de Bahía Almirantazgo, en la Antártida”.

“La evacuación de los pasajeros, en su mayoría acaudalados norteamericanos, fue realizada por la nave insignia de la expedición antártica chilena, el “Piloto Pardo”, cuyo nombre recuerda la odisea cumplida en 1916 por un arriesgado marino chileno que al mando de un pequeño buque de esa nacionalidad, logró rescatar a la tripulación del rompehielos británico “Endurance” atrapada y al borde de la muerte en la Isla Elefantes, también en territorio antártico”. (Harold Mesías, Chile una vez más al rescate, traducción del autor en El Mercurio de Valparaíso, reproducido en Revista de Marina, 1/1972)

De esta manera, uno de los rescates más importantes en la historia antártica, dada la cantidad de personas rescatadas y cantidad de medios utilizados, fue realizado por la Armada de Chile, en donde las capacidades de las tripulaciones de las unidades fueron puestas al límite hace aquel verano de 1972.

Las labores realizadas por la Armada de Chile trascendieron las fronteras, siendo reconocidos los Comandantes del operativo de rescate el día 25 de octubre de 1972, ocasión que el Embajador de Noruega en Chile, Defte Knudsen, a nombre de Su Majestad Olav V, Rey de Noruega, impuso la Corbata de Comendador de la “Orden de St. Olav” al Capitán de Navío Ladislao D’Hainaut, y la Medalla de Oficiales de la misma Orden al Capitán de Fragata Carlos Barra y al Capitán de Corbeta Carlos Pinto, por su brillante desempeño en las maniobras de salvamento de los tripulantes y pasajeros de la siniestrada “Lindblad Explorer”.

En su discurso, el Capitán de Navío Ladislao D’Hainaut señaló que “leales servidores de nuestra Armada, creemos haberla interpretado fielmente en su más que centenaria tradición de servicio permanente hacia quien sea que requiera su ayuda, no importa el esfuerzo, no importa el riesgo, no importa el propio quehacer”. (Crónica, Revista de Marina, 6/1972)

Ages Slafer, una de las personas rescatadas, envió una misiva relatando su experiencia y agradecimiento en marzo de 1972:

“Yo era pasajera del M.S. “Linblad Explorer” durante su crucero antártico en Febrero de 1972. Este buque encalló en la Bahía Almirantazgo de la Isla Rey Jorge y fuimos rescatados por el A. P. “Piloto Pardo”. Lo que pudo haber sido un accidente terrible y desastroso pasó a ser una memorable y agradable experiencia gracias a los oficiales y tripulación del “Piloto Pardo”.

“Los hombres del “Piloto Pardo” nos cedieron sus camas y compartieron su comida con nosotros. A pesar de que existía la barrera del idioma pudimos comunicarnos libremente cori ellos y fueron muy atentos. Aunque éramos tantos, pudimos considerar el buque como nuestro hogar y fuimos tratados como los huéspedes más gratos.”

“Aprendí mucho sobre solidaridad y amor durante esta experiencia, ya que, a consecuencia del naufragio, todos estábamos en estrecha convivencia unos con otros; el ejemplo de la tripulación del “Piloto Pardo”, siempre sonriente y que nunca se quejó de nosotros, contribuyó a que la experiencia como un todo fuera muy memorable.”

“Espero ir a Chile el próximo año, para volver a encontrarme con los amigos que hice en el “Piloto Pardo”, conocer algunas de las hermosas regiones de su país que me han descrito y hacer nuevas amistades.”

“Deseo expresar mis agradecimientos al pueblo de Chile por su hospitalidad y afecto para con los ciento setenta pasajeros y tripulantes del “Linblad Explorer” que tuvimos la suerte de haber pasado por esta experiencia”.

Muchas gracias por comentar en @PrensaAntártica

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