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Opinión: la cultura del frío

Profesor Alfredo Soto, Expedición Científica UMAG 2011 en el Glaciar Infantería, Península Antártica, rastreando grietas para determinar rutas de desplazamiento de dotaciones antárticas.

Por estos días y reflexionando en lo que fue la vida de un gran héroe como  Sir Ernest Shackleton, marino y explorador Polar del Reino Unido y su sueño de cruzar la antártica, allá por el año 1915, asociando al mismo tiempo a la reciente y gran hazaña del aventurero estadounidense que invirtió  54 días en recorrer 1.500 km sobre esquís, tirando de un trineo de 170 kg con todo su equipaje y comida. Aventajando en pocos días al británico Louis Rudd, que ha seguido su mismo camino, cayendo en cuenta nuevamente que la primera travesía a la antártica en solitario, nuevamente le fue negado el pódium del primer lugar a un Británico.

…El 5 de enero de 1922 en las Georgias del Sur, Islas muy cercanas a la antártica, el héroe antártico escribe en su diario ….“ En la creciente oscuridad del crepúsculo vi una estrella solitaria cernirse como una joya sobre la bahía”…. quizás sus últimos pensamientos antes de caer el héroe abatido por un infarto y con el se termina el gran sueño de cruzar la antártica a pie y haber cumplido una meta que en esa época era de extraordinario abordaje en su organización, logística, sacrificio y entre las planificaciones estaba la posibilidad de perderse en el infinito.

En las actividades exploratorias están aquellas que se desarrollan de manera vertical en pos de una cumbre de una montaña y curiosamente un hermanamiento bien particular en las grandes travesías por los lugares mas remotos del Planeta, en este caso, las zonas polares. Aun en ambas se requiere de parte del explorador un cierto grado de compromiso, esfuerzo y asunción del riesgo, sin embargo en una de ellas cuando se logra la cima de una montaña se alcanzan metas y logros muy definidos, en cambio en una travesía en las zonas polares que mas que abordar altitud se abordan latitudes extremas, los limites o los propósitos son mucho mas difusos, se van acumulando kilómetros y kilómetros, día a día, haciendo de esta experiencia muy extenuante y monótona por tratar de alcanzar cada día el horizonte frente a uno, y apenas se percibe o visualiza aquella cumbre que significa el final de la travesía.

En una travesía Polar no ves mas allá de 200 metros a la redonda, en cambio y obviamente en una montaña uno tiene un panorama mucho mas extenso. En una montaña mi horizonte es la cumbre en cambio en la Antártica cada paso que das, este horizonte da un salto y nunca me puedo ir aproximando. A un paso el horizonte da un salto al mismo tiempo que mi paso que yo doy, esto es lo mas difícil de enfrentar para un explorador Polar, ya que el horizonte va saltando a cada paso mío durante días….semanas y meses, finalmente acaba creando la sensación de que uno esta perdido en el infinito y mentalmente es muy agotador porque pareciera que nada va avanzando a pesar del movimiento de mis pies y del salto señalado para el horizonte que esta frente a mis ojos.

En 1902 los británicos Scott, Wilson y Shackleton, salieron con rumbo al Polo Sur, traccionando ellos mismos de sus trineos, este prematuro intento de lo que sucedió años después, no tuvo los éxitos esperados, y estos tres exploradores tuvieron que regresar amenazados por el hambre y el escorbuto que padecía Shackleton, y que le significo una intensa discriminación por parte de  Robert Scott y tratarlo directamente de débil en su fortaleza física y no considerarlo en futuras campañas antárticas. Este fue el primer paso decisivo en la exploración Polar. Estos magníficos personajes y exploradores, jugarían un papel decisivo en los extraordinarios viajes a parajes inhóspitos del planeta tierra, en la Antártica.  Aunque el conocimiento de la existencia de estos parajes tanto geógrafos como astrónomos ya sabían de ellos pero hasta el momento nadie se había atrevido a realizar tal proeza de intentar llegar a uno de los Polos Geográficos del Planeta.

Desde el inicio de la exploración de América en el Siglo XVI, los Navegantes españoles, holandeses, Ingleses o Franceses, se encontraron en los mares del Sur con enormes trozos de hielo que navegaban a la deriva sin control mas que el que les proporcionaban las corrientes. Estos enormes colosos de hielo le inspiraron en primera instancia un temor grandioso,  pero también se les despertó la curiosidad por investigar y saber de sus orígenes. Así le ocurrió a nuestro familiar Campo de Hielo Patagónico Sur entreverado en nuestras costas del extremo austral, cuyos primeros avistamientos fueron por estos navegantes valientes y curiosos. Los primeros de ellos fueron dos navegantes españoles, el primero Juan Ladrilleros y le sigue, Francisco Cortez de Ojea, según el historiador Mateo Martinic, ….

” Ellos estuvieron por estos lugares del Campo de Hielo Patagónico Sur por el año de 1547, en pleno desarrollo de una expedición muy aventurera, con el principal objetivo de descubrir la entrada occidental del Estrecho de Magallanes, y ambos perdidos en el laberinto de canales y fiordos de nuestra región en esa época, se acercaron en dos oportunidades y en distintos lugares al borde del hielo Patagónico, en consecuencia ellos con toda la propiedad que se merecen, debieran ser reconocidos como los descubridores del Hielo Patagónico Sur en estas latitudes.

Los exploradores de esa época y luego mas cercanos a nuestra historia moderna, las personas que emprendían estas extraordinarias campañas no tenían la suficiente experiencia y menos el conocimiento obviamente porque eran las primeras exploraciones, en primer lugar no contaban fundamentalmente con alimentos adecuados que les proporcionara la energía suficiente y equilibrada para los grandes esfuerzos que harían en estos viajes de estas características en donde reinaban el frio y la escasez absoluta de ir alimentándose del mismo entorno, un explorador Ruso alguna vez comento que estos exploradores tenían las mismas oportunidades de alcanzar el Polo que de volar a la Luna o bucear en las grandes profundidades también desconocidas, no tenían el conocimiento, no tenían la tecnología ni los medios adecuados para llevar a cabo sus expediciones. Después de las grandes hazañas que implicaron la conquista del Polo Norte por Robert Peary (USA) que hasta los días de hoy ha sido cuestionado por diversas razones, luego la conquista y carrera al Polo entre Roald Amundsen y Robert Scott y sus hombres, quien se lleva la gloria es el Noruego que aplica técnicas ya aprendidas en sus numerosas expediciones por su país nórdico y con la utilización de vestimentas al estilo “Inuit” y perros que arrastrarían los trineos, utilizando para ello también en su desplazamientos equipos de esquíes.

La primera expedición científica en invernar en la Antártica fue la Expedición Antártica Belga (1897- 1899), comandada por Adrien de Gerlache a bordo de la Bélgica, la cual recaló en Punta Arenas tanto a la ida y como al regreso. Entres otros, formaban parte de la tripulación figuras insignes de la exploración polar, como el noruego Roald Amundsen, quien en 1911 como dijimos antes se entrevero en la odisea en alcanzar el polo sur geográfico, entre otras proezas; Emil Racovitza, naturalista rumano fundador de la espeleología; Henryk Arctowski, meteorólogo y oceanógrafo polaco; y Frederick Cook, controvertido cirujano norteamericano que en 1909 afirmó haber sido el primero en llegar al polo norte. Con la expedición de la Bélgica se inicia la llamada Edad Heroica de la Exploración Antártica, comprendida por unas 15 expediciones que con limitados recursos y en condiciones extremas, desarrollaron una intensa exploración geográfica y científica en el Continente Blanco. Este periodo álgido de exploraciones Polares en el Antártico, se cierra con la cuarta expedición de Ernest Shackleton, la del “Quest”, en donde en su recalada en las Georgias del Sur, Shackleton fallece y con ello se cierra la Edad Heroica de la Exploración Antártica.

Prof. Alfredo Soto Ortega, Coordinador de VcM CIGA Centro de Investigación GAIA Antártica Universidad de Magallanes
Expedición UMAG al Monte Vinson, la montaña más alta de la Antartica, noviembre 1997. Segunda expedición Chilena y tercera Latinoamericana, líder de expedición : Profesror Alfredo Soto Ortega (Ropa Azul)

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